¿De verdad estamos ante el fin inminente del marco de trabajo Scrum?
No paramos de leer últimamente que el fin de Scrum se aproxima más pronto que tarde. Es un enunciado sencillo y con la suficiente potencia de marketing para que se expanda como la pólvora; pero, ¿qué ha detonado esta corriente de pensamiento actual? Podría atreverme a decir que ha sido la rápida expansión de lo que hoy conocemos como Inteligencia Artificial y su consolidación como herramienta de apoyo imprescindible para algunos roles, pero en realidad, Scrum no es más que otro ámbito donde esta nueva amiga se está abriendo paso. Estas campañas amenazantes con puestos de trabajo en riesgo como protagonistas son el modo más elegido para extender el máximo exponente de la tecnología de este momento; y es por eso que no debemos prestar más atención de la necesaria. La Inteligencia Artificial como herramienta posee un alto potencial para elevar la calidad de la entrega al cliente, esto es una realidad, es visual y podemos palparlo, pero no quiero centrarme ahí en esta ocasión. En próximos artículos podremos repasar aquellos puntos fuertes que elevarán nuestros roles y que yo misma uso a diario, pero en este momento prefiero centrarme en ese rincón del miedo donde algunos perfiles Scrum se esconden ahora. Por tanto, desde mi opinión basada en la experiencia y observando el recorrido de la agilidad en los últimos años, esto no es más que la chispa de un nuevo cambio.
«Somos ágiles; pues aceptamos el cambio.»
El sensacionalismo de la consigna esconde el germen del concepto de agilidad y su implementación en el mundo real. El mundo laboral es hostil y más en aquel en el que la tecnología tiene un papel protagonista. Pero en esta película, amigos ágiles, quiero invitaros a dejar a un lado los manuales y que pasemos al lado empírico para recuperar su significado más simple: somos ágiles, pues aceptamos el cambio. Podemos buscar sinónimos como la flexibilidad pero lo cierto es que si no aceptamos que todo cambia volveríamos a las entregas en cascadas de hace unas décadas. Así, es igual de erróneo pensar que un producto (bien puede ser Scrum) tiene que dejar de funcionar porque tiene veinte años, como pensar que quedará imperturbable para siempre.
«La transformación es donde radica la riqueza de la entrega ágil.»
La transformación es donde radica la riqueza de la entrega ágil. Tomo prestada entonces la característica principal de la energía para afirmar que la agilidad ni se crea ni se destruye, solo se transforma. ¿Se aplica o concibe Scrum hoy al igual que en 2010 cuando apenas caminaba sus primeros pasos? La propia guía oficial incluyó algunos retoques como en los roles, y por tanto la respuesta es no; los distintos flujos de trabajo que siguen sus reglas se han ido perfilando y adaptando al producto, a la estructura empresarial, al producto, o todavía mejor, al cliente.
Por ello, pensar que se acaba es reducir un proceso de inspección y adaptación a la idea opuesta de la imperturbabilidad. ¿Se acaba Scrum? Puede que acabe un modelo de su implementación y funcionamiento extensamente aplicado pero los hechos demuestran que la delivery aún supone un reto para cualquier producto. Sabemos que no podemos satisfacer al cliente con los requerimientos conocidos en el pistoletazo de salida, sabemos que la desconexión con el mismo produce un resultado confuso y caótico. ¿qué va a pasar entonces? No me invento nada y de nuevo camino del lado de la práctica. Un equipo que trabaja sin objetivos y resultados sigue sin entregar lo que se espera. ¿Seguirá existiendo la daily o la Sprint planning? Podrá cambiar su nombre o su cadencia, pero la iteración se mantendrá necesaria.
Dormirse en un entorno ágil seguirá siendo igual de peligroso que hace unos años. Porque el producto o las circunstancias siempre han exigido en algún punto que se replanteen de nuevo los procesos que durante tanto tiempo han funcionado, que hagamos excepciones, que exploremos un nuevo camino. Y es que por diversos motivos, y esto a muchos de nosotros nos ha pasado, nos hemos quedado sin cartas ante lo especial de la situación. En algún momento una bajada extrema de la capacidad de desarrollo totalmente inesperada ha puesto en riesgo la entrega del segundo trimestre del año o un refuerzo necesario en otra área nos ha hecho partir un equipo maduro y estable para asistir temporalmente allí. Inevitablemente hemos roto los patrones alguna vez, y estas excepciones no hacen más que confirmar la regla, subrayan el cambio, lo asumen, lo aceptan y lo reciben maleable.
«Dormirse en un entorno ágil seguirá siendo igual de peligroso que hace unos años.»
Entonces será de nuevo nuestro el turno para liderar esta travesía. Nuestros roles, y si me centro en el de Scrum Master, no es el perfil agazapado en los brazos de un equipo de desarrollo que navega en la comodidad de un framework que funciona. Debemos otear siempre el horizonte, reconocer nuevos problemas, identificar los retos venideros y armarnos junto al equipo para vivirlos juntos. La explosión de un nuevo cambio siempre va precedido de una pequeña descarga que lo provoca todo; pues bien, estamos antes ese preciso y primer momento, ¡aprovechémoslo!